
En este viaje, en el mismo aeropuerto, me quedé más asombrado aún que la otra vez...
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'Xing' está por 'Crossing', que es la primera acción que un europe@ que quiera viajar por el continente americano tiene que cumplir. La cumplo muy a gusto, esponsorizado por mis amig@s. El copyright de la idea es de C.

América de los emigrantes, América de la Little Italy, América que conocemos por las películas, América tópica, América de policías, América de tiendas de aceite de oliva y mozzarella, América de subway a diez metros del suelo ... Todo esto en una calle del Bronx: Arthur Avenue. Extraordinaria excursión en el corazón del Bronx, donde los italianos no han sido todavía invadido por los chinos. Recuerdos de "A Bronx Tale", de Robert de Niro.
Cuando podar un árbol puede resultar demasiado caro o complicado, siempre hay soluciones sencillas para que no se caiga al suelo...
Vuelta a New York, desde el frío Middle West. Desde el cielo estaba mirando hacia abajo, mientras sobrevolábamos Brooklyn (era un vuelo que aterrizaba en La Guardia), y al ver Prospect Park, como E.T. he dicho en voz baja: "mi casa". Aunque estoy un poco harto de New York, sin embargo muy contento de ver a esta gente, me doy cuenta, al llegar aquí, que me parece de estar en casa. ¿Será peligroso?
Una della bellezas naurales más impactantes del viaje: el río Mississippi, visto a la altura de Muscatine, en una tarde fría y soleada.
"The flag should never be displayed with the union down, except as a signal of dire distress in instances of extreme danger to life" ("La bandera no debería nunca colgarse al revés, excepto como señal de profunda angustia, en casos de inmediato peligro de vida"). La imagen es la de la tumba de un soldado muerto el 27 de septiembre de 2003, en un cementerio de Iowa.
Nieve en abundancia, como se conviene a la temporada. Todo blanco como en los mejores anuncios TV de detergentes y como se puede apreciar en el autoscatto de arriba.
En el Gales, en una zona rica de minas de carbón, desaparecieron por completo unos insectos que en origen eran grisáceos, para dar paso a la mutación de insectos negros, que antes de la explotación carbonífera eran minoría. Los secuaces de Darwin utilizan este ejemplo para demostrar cómo la evolución de la especie favorece siempre las mutaciones con la más altas probabilidades de supervivencia (en este caso, mejor mimetismo sobre un fondo oscuro). Pues, que pasen por Niagara Falls y me expliquen por qué las ardillas, que habitualmente son grises y marrones, aquí son negras y se pueden ver sin gafas -me refiero a los transeúntes, las ardillas es igual que lleven gafas o no- a 100 metros de distancia...
Uno se pregunta: ¿qué hacen los habitantes de Niagara Falls, cuando no están mirando las cataratas? Y la respuesta muy posiblemente es "nada". Lo he preguntado en el bar donde me he zampado un excelente T-bone con puré de patatas, sugiriendo posibles actividades ("is there any movie theater?", por ejemplo). Sólo hay un Imax donde proyectan en continuación, entre las 10 de la mañana y las 7 de la tarde un documental (¿y cómo no?) sobre las cataratas del Niagara.
A lo largo de la historia de las cataratas, eran los hoteles los que organizaban arriesgadas aventuras de daredevils y stuntmen, como reclamo comercial. Más tarde me acercaré a las cataratas, con la esperanza de que alguien se lance (nunca mejor dicho) a la aventura: el barrill de Sir Hill Sr. está allí, mal aparcado delante de una tienda de recuerdos. En relidad yo me acercaré para ver el espectáculo tan publicitado de Son et lumière aunque, si hay que juzgar por el entorno hortera del lado canadiense, no tengo grandes espectativas.
Visita esta mañana a Niagara-on-the-lake, pueblecito perfectamente conservado (tal vez, demasiado) del siglo XIX, a 20 millas de aquí. Bastante más bonito que Niagara Falls, plagado de tiendas para turistas, todas sin público, y ésto es bueno.
Pocas veces una imagen describe tan bien un concepto: la calle que lleva a las cataratas del Niagara es una verdadero nightmare, una Coney Island en territorio canadiense, un sinfín de comercios y servicios, cual más cutre que el anterior. Uno se pregunta si sería peor lleno de turistas enchufándose comida por todos los lados o si no es peor ahora, muertecino y vacío. Es un buen reto, pero es mejor no volver en mayo para comprobarlo.
Un viaje en tren por Ottawa-Toronto para llegar a Niagara Falls. Viaje confortado por una conexion WIFI y amargado por la falta de calidad de la comida y el acoso implacable del personal de a bordo ofreciendo las cosas más inverosímiles en los horarios menos previsibles. Nada más salir de Montreal, un muffin monstruoso con aspecto extraterrestre, luego tés, cafes, caramelos, galletas, panecillos, helados... Llegada a Toronto con retraso que los muy listos, en lugar de compensarlo con un reembolso a secas, descontarán del siguiente billete, en un plazo de seis meses. Un poco incómodo si vives al otro lado del charco. Viaje entre nieve y hielo.
Niagara Falls, con un único "restaurante" abierto hasta las 8:30, es un pueblo fantasma: por las calles no hay nadie, ni coches, ni peatones, ni seres vivos. Nieve y temperatura agradable, se puede ir sin guantes. Eggs & bacon -en catidad industrial- en una cafetería que más americana no podría ser, aunque en efeco sea canadiense.
Sin necesidad de evocar a Claude Lévi-Strauss para resaltar las especializaciones lingüísticas de los indígenas, siempre es curioso observar las especializaciones locales. En Canadá por estas fechas, como en muchos otros países, venden árboles de Navidad en grandes espacios dedicados a estas tarea, cerca de los centros comerciales. Centenares de pinos de todos los tamaños. Lo que resulta evidente a primera vista es el diferente tamaño de los árboles, que sería lógico pensar que es el único factor diferencial. ¿Correcto? No, ¡equivocado!
Por fin el tiempo me acompaña. Después de días fríos pero soleados -y en Washington me habían amenazado: "mira el sol, que esta es la última ocasión que tienes para verlo"- cae algo de nieve y empieza a hacer frío. Mañana, en tren hasta Niagara Falls (la ciudad) y excursión el martes a las cascadas que, a lo mejor, estarán heladas.
Hay que estar de acuerdo con quien dice que Canadá es la Suiza del continente americano, y no sólo por la ya comentada actitud desagradable de los agente de aduanas. Por lo menos, en lo que concierne a Montreal, las similitudes con muchas ciudades suizas son evidentes: ciudad ordenada, limpia, suelos de adoquines, mucha piedra y madera, más funcional que de diseño, agradable y con ese toque de decorado de Truman Show que tienen las ciudades helvéticas.
Los que piensan que las aduanas suizas o yankees son las más duras de franquear, que prueben a pasar a Canadá de Estados Unidos (por lo menos en tren). De las 11 horas que tarda el tren, 2 las pasa parado en la frontera EEUU-Canadá. A cada pasajero se le hacen las preguntas (im)pertinentes, según la situación. Al que estaba delante mío y que dijo que estaba de vacaciones y que tenía previsto viajar hasta Navidades, le preguntaron cuál era su profesión, para poderse permitir iajar tanto tiempo (!). Al final, todos pasamos la frontera.
Lo que más llama la atención en Washington es que es su pulcritud: en las aceras, en las marquesinas de los autobuses, en los carteles, en las paredes, los coches, los jardines, los semáforos, las farolas. No falta una sola tuerca, y no hay ningún cartel fuera de lugar, torcido o sucio. Después de Nueva York, parece increíble. Hay que preguntarse lo que puede costar la manutención de la ciudad.
Aunque lo que encabeza la página un buen plato de ostras (comida del mediodía), hoy no va de gastronomía y, a pesar del título, tampoco de mitología o de historia. Más bien ve de filosofía.
La forma más baratas de hacer el viaje entre New York y Washington es confiarse a los chinos, que han establecido una red de transporte en autobús entre las Chinatowns de Nueva York, Philadelphia, Baltimore y Washington. Los billetes se compran online, offline, en el mismo autobús, con antelación o sin. De todas formas, el transporte no está garantizado, porque todos los billetes se venden sin fecha ni hora de validez. First come, first served, y no sé cómo se diga en chino. E autobús sale alrededor de la hora establecida, con una aproximación de ±1/2 hora (eso sí, sale antes sólo si está completo). No sale todos los días desde la misma acera, aunque sí desde el mismo cruce, lo que limita a 8 las posbilidades. Una vez instalado, no hay nadie con la apariencia de ser el chófer: sólo muchos chinos y chinas hablando entre sí en voz alta, contándose diós sabe qué . Un poco más tarde de la hora prevista para la salida, uno de los "pasajeros" (curiosamente, el único que leva gafas) se levanta y coge el volante. Después de una maniobras poco comprensibles in situ, por fin parece que se decida a salir hacia Washington.
Si ayer acababa el día con notas gastronómicas, hoy empiezo -y acabo- con el mismo tema. Hay que decir la verdad, que es que la fama del local supera con creces la calidad de su cocina, aunque sólo haya probado un cheesburger. De todos modos, la hamburguesa es el banco de prueba por excelencia de un fast-food, así como el huevo frito o la tortilla de patatas lo son para un cocinero (español). Y el queso no estaba fundido en su punto, no me han preguntado si quería cebolla, el Katchup era de Heinz (bueno, pero cualquiera puede tenerlo) y la mostaza decente, pero sin chispa. La carne, obviamente por ser yankee, excelente y en su punto. El pan, frío. Los pickles(*), de muerte.
Pero el local merece un pequeño desplazamiento. Allí rodaron la famosa escena del orgasmo de la película "When Harry met Sally", y por el local se dejan caer -y se dejaban, antes de caerse muertos- muchos famosos. Paredes tapizadas de fotografías de Mr. Katz con Clinton, con Bob Kennedy, con Frank Sinatra, con Robert de Niro (es su vecino), con Audrey Hepburn, Mike Tyson... es decir, todos los famosos habidos y por haber. No me han pedido hacerme una foto, así que me la he hecho yo solo.
Para l@s que afirman que no existe una tradición de cocina yankee, que se dejen caer por el Nathan's de Coney Island. Fundado en 1919 por un inmigrante polaco (demostración tangible que Polonia no sólo es proveedora de altos prelatos y de sindicalistas paleo-católicos), Nathan's es todo un descubrimiento.
En el restaurante original -este es el primero- no han cambiado el decorado (aparentemente, tampoco a los camareros) desde que se fundó, y hoy he comido el mejor plato de fish & chips que el dinero puede comprar. Y había elección: alitas de pollo, un cuarto de pollo a la brasa, sopa de almejas en tres variedades, los míticos hamburgers que Roosevelt sirvió en 1939 a los reyes de Inglaterra, hotdogs de aspecto inmejorable...
Es una gag que no me pertenece y que hago mía: hoy era el día ideal para ir a la playa, porque no había nadie. Lluvia-nieve, temperatura cerca de los 0ºC, viento del este. En la playa, sólo algunos freaks. El cartel lo dice claro: "Shoot the Freak", y por suerte no pasaba nadie armado, porque es posible que me hubieran abatido antes de poder dar una explicación creíble (que no la había). Coney Island merece una visita fuera de temporada, es una gloria pasada que recuerda muchos decorados de cine. Un nativo de Brooklyn como Woddy Allen no podía no utilizar Coney Island como decorado de muchas de sus películas (entre otras, Annie Hall y Radio Days), y hay más películas rodadas en parte aquí, como Enemies: A Love Story (de Paul Mazursky, ¿cómo no? también de Brooklyn).

Por fin, una buena noticia: en EEUU, los pobres están ganando la batalla, extendiendo sus territorios, ocupando posiciones que antes pertenecían al bando contrario y haciéndose cada vez más visibles. Si hace siete años, en los mismos lugares de ahora, había que esperar al acecho para que un desheredado entrara en el decorado, ahora es al revés: hay que esperar a que todos los desheredados desaparezcan del encuadre para poder tomar la foto. Bien analizado, no parece una buena noticia.
